Pueblo viejo de Belchite: Donde habita el silencio

Belchite, municipio de 1500 habitantes, ubicado a 49 km. de Zaragoza y perteneciente a la provincia del mismo nombre, se encuentra dividido en dos núcleos claramente diferenciados, el viejo y el nuevo pueblo,  que conviven en un discreto silencio.

Para entender el estado actual de Belchite, debemos remontarnos a La Batalla, que tuvo lugar entre el 24 de Agosto y el 6 de Septiembre del año 1937, durante el transcurso de la Guerra Civil Española, hace ahora 71 años.

Después de contemplar imágenes en distintos medios, prensa, televisión e internet.. uno cree estar preparado para entender, asimilar y digerir lo que la realidad presenta.

El silencio, solo se rompe por la voz de alguno de los visitantes que, curiosos, se adentran en las ruinas de lo que antaño fue un lugar habitado por unos vecinos que todavía hoy recorren lo que quedó en pie; hablando con los visitantes y describiéndoles el verdadero rostro de la guerra, que por desgracia, les tocó vivir en primera persona.

A los pocos metros de entrar al pueblo, nos sorprendió Antonio, un vecino de Belchite que nos narraba, lo que con 10 años, siendo un niño, tuvo que vivir. Una veintena de miembros de su familia fusilados en las paredes del cementerio. Pero el horror de una Guerra civil, llega hasta el inconcebible punto, en que un hijo es capaz de traicionar a su padre tal y como sucedió, cuando uno de sus primos dejó que los nacionales se llevasen a su padre, por motivos ideológicos.

Belchite se convirtió en una gran fosa común. Unas 6000 personas de uno y otro bando cayeron en la batalla. Gran parte de los heridos se aglutinaban en la Iglesia de San Martín, lugar que hizo las veces de Hospital de Sangre, y en el que fallecieron decenas de personas, mientras otras tantas aguardaban su hora. Los más jóvenes huían a los búnkeres antiaéreos situados tras la Iglesia,  cuando oían las sirenas que advertían de los bombardeos. Estos mismos jóvenes eran los encargados, obligados y reclutados para sepultar los cadáveres.

Caminar entre ruinas y silencio provoca una sensación difícil de explicar. Imaginar lo que sucedió en aquellas calles, tras aquellas paredes y bajo los, hoy en día, inexistentes techos, seguramente quede muy lejos de lo que verdaderamente se vivió. La huella de las bombas y metralla nos recuerda,  en cada paso, la barbarie que se prolongó durante aquellos 13 días que transcurrieron hasta que los republicanos se hicieron, temporalmente, con el mando de Belchite.

[Continuará..]